¡Gracias 2020, bienvenido 2021!


Hace un par de semanas compartía en una reunión virtual con algunas hermanas en la fe, sobre un artículo que leí sobre las diez palabras cuyo uso sobresalió durante el año 2020. De acuerdo con el estudio, todas estaban relacionadas con la circunstancia que a lo largo de casi todo este año hemos atravesado y por la que siempre recordaremos a este único y especial 2020. Y hacíamos una dinámica en la que intentamos frenar la negatividad de éstas colocando sobre ellas otras que trajeran aliento y esperanza.


Por lo general, en las ultimas semanas, solemos mirar en retrospectiva y analizarnos. Hoy, intento recordar mis metas y objetivos: ¿Qué expectativas tenía? ¿Cuál fue mi propósito de “año nuevo”? y sinceramente, no lo recuerdo. Usualmente dejamos que el día a día nos vaya conduciendo y consumimos las 24 horas de cada nuevo día sin darnos cuenta, pero el 2020 enseñó a valorar en su debida medida, a las personas, a las circunstancias y nuestra capacidad de acción y reacción.


Usualmente, cuando hacemos este tipo de análisis, nuestro primer reclamo hacia nosotros mismos es “si hubiera” o “si no hubiera”. Durante el año que recién acaba de culminar, ¿Cuántas veces la ha dicho o pensado usted? ¿Cuántas veces hemos deseado que el tiempo pudiera volver atrás y tomar una decisión distinta a la que escogimos? Lamentablemente el pasado es imposible de cambiar y tampoco es posible evadir las consecuencias que traiga consigo. Sin embargo, ¿debemos seguir cargando con remordimientos y culpas por errores que están en el pasado?.

La trilogía de películas de los años 80 “Volver al Futuro” nos muestra cómo, por medio de una máquina del tiempo, los protagonistas tienen la oportunidad de “cambiar” el pasado, “vivir” un nuevo presente y, por lo tanto, “crear” un futuro distinto. Tomando como base esta historia, me gustaría compartir una serie de lecciones que he podido extraer de ella.


Ayer. ¿Cómo nos liberamos del pasado?


a. Acepte que el pasado no se puede cambiar.

Las palabras hirientes que dijimos no pueden volver a nuestra boca. La oportunidad que rechazamos no se podrá presentar nuevamente. El tiempo que no aprovechamos se perdió.

b. Reconozca que se equivocó, pero tiene una oportunidad de corregir el daño que ha causado.

Pida perdón, perdone. Reestablezca esa relación rota. Busque una nueva oportunidad. Organice su tiempo, inviértalo.

c. Aprenda de su error, pero no vuelva la mirada atrás.

Se suele decir que debemos conocer la historia para no volver a cometer los mismos errores, entonces reconozca que lo que hizo no estuvo bien, discúlpese a usted mismo y no lo traiga más a su memoria.


Hoy. ¿Cómo vivimos el hoy con las consecuencias del pasado?


a. Acepte el perdón, pero también pida perdón.

Como cristiana, tengo la convicción que Jesús me ha dado un nuevo comienzo y que, a partir de ese momento, todas las cosas viejas pasaron y son hechas nuevas.

b. Admita que tiene una lucha diaria.

Hay un principio en Física que dice, a cada acción, hay una reacción, lo que interpreto como, “todo tiene sus consecuencias”. Debemos afrontarlas y asumirlas.

c. Continúe avanzando.

No se detenga, pero sea reflexivo en cada uno de sus actos. Pida dirección en cada paso que da y cada decisión que toma.


Mañana. ¿Qué tenemos a nuestro alcance que nos pueda advertir sobre nuestro futuro?


Es, pues, la fe la certeza de lo que espera, la convicción de lo que no se ve. Sí, reconozco que es algo realmente abstracto, pero es algo en lo que “inconscientemente” creemos al preparar nuestra ropa para el día de mañana, al anotar en nuestra agenda las reuniones de la próxima semana… Hay Alguien que ya está allí. Así que no se preocupe. Él sabe qué sucederá y cuándo. Nada de lo que usted haga podrá cambiar eso. Solamente aprenda a descansar y confiar en Él. ¿Es difícil? ¡Inténtelo!



Gracias 2020 ya que, en medio de la adversidad hemos sido capaces de sonreír, de agradecer y de seguir creyendo.



Bienvenido 2021






Celeste Molina


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